Nota del autor: Esta meditación es un breve resumen de la serie de devocionales titulada “Contenidos en cualquier situación”, impartida durante el aislamiento social por Covid-19, en mayo de 2020. Puedes encontrar no solo esta, sino todas las series que se mencionarán a lo largo de este libro, de forma gratuita, en el canal de YouTube Filipenses Quatro Oito.
Digo esto, no por pobreza, porque aprendí a vivir feliz en cualquier situación. Sé cómo ser humillado y cómo ser honrado; de todo y en todas las circunstancias tengo experiencia, tanto de la abundancia como del hambre; así como abundancia y escasez; Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Fp 4.11-13)
En un mundo que corre tras la felicidad a cualquier precio, vinculando esta búsqueda a logros y logros, lo que Pablo nos enseña es profundamente contracultural: vivir contentos en todas y cada una de las situaciones. ¿Como esto?
Pablo escribió la carta a los filipenses mientras estaba en prisión. Sí, en prisión. Y, sin embargo, nos alienta con una carta llena de alegría y esperanza. En este breve extracto del capítulo 4, nos cuenta que aprendió a vivir feliz. Y esto nos consuela profundamente: la satisfacción no es algo con lo que nacemos, sino algo que aprendemos. No es automático ni natural: es un proceso. ¡Hay esperanza, sí! Pero también hay responsabilidad, ¿no?
Pablo nos enseña que este contentamiento tiene un nombre: Cristo. Entendió que vivir es Cristo. Entendió que la vida con Jesús no depende de lo que tenemos o no tenemos, sino de quién nos apoya en cualquier circunstancia. Por eso dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (v. 13). Sí, este versículo, a menudo citado en contextos de realización de sueños materiales, maratones o incluso de abrir un frasco de palmitos sin ayuda, en realidad habla de encontrar en Cristo todo lo que necesitamos para permanecer firmes, contentos y con un corazón satisfecho, incluso cuando todo a nuestro alrededor se está desmoronando. El contentamiento se puede definir como una “profunda satisfacción
ción en la voluntad de Dios”.(i)No se trata de sonreír siempre o fingir que todo está bien cuando, en realidad, no es así. Se trata de estar satisfecho con lo que Dios hace. El término satisfacción hace referencia a la idea de sentirse realizado, de no faltar, de no querer nada más. Es estar en paz con lo que tienes y tu forma de vivir. No requiere una sonrisa constante, sino una entrega y aceptación conscientes. Es reconocer que Dios es soberano, bueno, justo, amoroso, clemente y misericordioso, y que, aun cuando nuestra realidad no parezca bella, es posible confiar en que su voluntad es perfecta.
Amy Carmichael dijo: «En la aceptación está la paz».(ii) ¡Cuánta belleza hay en esto!
La aceptación no es pasividad. Es confiar en que las circunstancias vienen de las manos de un Dios que sabe exactamente lo que hace. Él conoce el tiempo, la medida, el peso y el propósito de todas las cosas. Y, cuando descansamos en esto, empezamos a ver incluso el caos con otros ojos. Dejamos de sentirnos víctimas de la vida y aprendemos a gestionar cada temporada con fe y verdadera alegría: una profunda satisfacción en la voluntad de Dios.
Estar contento no significa ignorar el dolor, sino saber que, incluso en medio de la aflicción, hay paz, porque está Cristo. ¡Una paz que el mundo no entiende, pero que es real! Y sí, necesitamos reflexionar sobre esto con urgencia. El contentamiento no es una opción en la vida cristiana, un plus reservado a los “megaespirituales”. Este es un orden para todos. Cuando no vivimos con un espíritu contento, damos paso a la murmuración, la envidia, la ingratitud y la comparación, pecados tan furtivos que a veces se disfrazan de “autenticidad”. O, quizás, no les damos tanta importancia porque, en el fondo, creemos que hay pecados mucho peores. Pero la verdad es que estos comportamientos son formas de decirle a Dios: “No estoy satisfecho con lo que me has dado”.
Necesitamos aprender a estar contentos. William Barcley nos ofrece dos pautas prácticas que ayudan en esta dirección(iii):
- Adapta tus deseos a la realidad, y no al revés: vivir intentando conseguir y cumplir todos tus sueños se ha convertido en el gran motor de la cultura del “puedo, merezco, puedo hacer” en la que vivimos. Está bien esforzarse por alcanzar metas, pero la satisfacción no puede depender de si se hacen realidad o no.
- Quita los deseos pecaminosos del corazón y llénalo de lo que agrada a Dios: ¡es física, lógica e incluso matemáticas! Cuanto más ocupamos nuestra mente con las cosas de arriba, menos espacio hay para la inquietud.
Y sí, esto lleva tiempo. No nos despertaremos de un día para otro sintiéndonos completamente satisfechos, pero podemos dar algunos pasos. Uno a la vez. Mientras tanto, mantenemos la mirada fija en la eternidad. Porque nuestra esperanza es real: ¡algún día cesarán todos los combates!
Pero, hasta que llegue el cielo, nuestro llamado sigue siendo claro: buscar ser como Cristo. Su satisfacción no dependía de las circunstancias, y la nuestra tampoco.
¿Es posible? Sí, porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Él es el secreto de nuestro contentamiento.
Piensa en estas cosas:
¿Qué te ha impedido encontrar satisfacción en la voluntad de Dios hoy?
Este artículo es un extracto adaptado y tomado con autorización del libro. Piensa en estas cosas, por Naná Castillo, Editora Fiel
(i) Nancy Wilson, Contentamiento: un estudio para mujeres de todas las edades (São Paulo: Trinitas, 2018), edición Kindle, Introducción.
(ii) Poema de Amy Carmichael, disponible en: christian-poems-poetry/in-acceptance-lieth-peace-poem-by-amy-carmichael. Consultado el 17 de julio de 2025.
(iii) William Barcley, El secreto del contentamiento (São Paulo: Nutra Publicações, 2014), p. 107-118.
Ana Márcia Castillo
